¿Será
necesario re-vivir a Fernando Mazuera Villegas?
Por: Félix Raúl Martínez Cleves
Fernando Mazuera Villegas, tras haber sido
varias veces alcalde de Bogotá y participar en algunas de las iniciativas más
importantes para el desarrollo de la capital, decide aceptar a fines de los
años 50 del siglo XX la alcaldía de Fusagasugá. Decía Mazuera Villegas, que lo
movía un compromiso con el lugar de nacimiento de su esposa –Helena Aya-, la
ubicación de su residencia de descanso –Floridablanca-, y un aprecio sin igual
por los fusagasugueños.
El ejemplo de Mazuera Villegas puede servir para
mostrar a quienes administran a Fusagasugá cómo, y que a pesar de las
diferencias en términos temporales, demográficos y urbanísticos, en solamente 6
meses contribuyó de manera efectiva en el cambio material de la ciudad. Eso sin
contar, que debido a sus múltiples compromisos no asistía al despacho sino los
días sábados y domingos, como el mismo lo recuerda en su autobiografía (“Cuento
mi vida”).
Entre sus obras se puede contar la mejora de
la acequia que traía el agua del río Cuja, construida desde 1918 y
constantemente en difícil estado dadas las condiciones del suelo. Igualmente,
un sistema de distribución de agua para zonas urbanas y rurales de
aproximadamente 1.100 litros de agua por segundo, que terminó por ser
abandonado por las administraciones subsiguientes. También, firmó un contrato
para la instalación de una planta de teléfonos automáticos de 1.000 líneas con
la compañía Siemens de Colombia, aunque malos manejos posteriores terminaron
por quebrar esta empresa local de telefonía. Asimismo, se pavimentó calles, se
hicieron las mejoras para el lugar donde hoy se ubica el estadio municipal –que
justamente lleva el nombre de Fernando Mazuera Villegas- y donde se radica el
actual coliseo de exposiciones, y se pintó gran parte del casco urbano de
blanco –buscando el alcalde que se pareciera a Andalucía, España.
En su conjunto estas acciones, y las buenas
relaciones de Mazuera Villegas con muchos bogotanos, terminaron por producir un
incremento de turistas, más tarde interesados en comprar un predio en el municipio.
Una de las cosas que más puede resultar atractiva para la compresión de la manera
cómo se ha administrado a Fusagasugá, es que por ese entonces el gobierno
municipal contaba con muy pocos recursos, ya que muchos de los impuestos
actuales no eran cobrados y la mayoría de los ingresos provenían de tributos
menores, como los efectuados a la chicha y la plaza de mercado. Sin embargo,
Mazuera Villegas recurrió a la “ayuda de la mayor parte de los vecinos,
especialmente los ricos de Bogotá que iban a Fusagasugá en los fines de semana”,
como el mismo lo dijo, y que ni siquiera cobraron más tarde al darse cuenta de
la realización de las obras.
Así, uno podría preguntarse ¿por qué
acciones similares de gobierno no son posibles, pues aun cuando ha crecido la
población, también han aumentado los ingresos municipales? ¿Por qué quienes
sacan provecho del uso del suelo no hacen pagos de plusvalía? ¿Por qué no se
piensan en obras con una idea de ciudad clara y que superen los “remiendos”
habituales?
Fuentes:
Archivo General Municipal de Fusagasugá.
Sección Histórica. Fondo Alcaldía.
MAZUERA VILLEGAS, Fernando. Cuento mi vida. Bogotá: Antares, 1972. Prólogo
de Darío Echandía.
MARTÍNEZ, Félix Raúl. Fusagasugá. Una ciudad soñada. Historia urbana, 1880-1970. Fusagasugá:
Alcaldía de Fusagasugá, 2005. Prólogo de Fabio Zambrano.

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