jueves, 13 de septiembre de 2012



¿Será necesario re-vivir a Fernando Mazuera Villegas?
Por: Félix Raúl Martínez Cleves

Fernando Mazuera Villegas, tras haber sido varias veces alcalde de Bogotá y participar en algunas de las iniciativas más importantes para el desarrollo de la capital, decide aceptar a fines de los años 50 del siglo XX la alcaldía de Fusagasugá. Decía Mazuera Villegas, que lo movía un compromiso con el lugar de nacimiento de su esposa –Helena Aya-, la ubicación de su residencia de descanso –Floridablanca-, y un aprecio sin igual por los fusagasugueños.

El ejemplo de Mazuera Villegas puede servir para mostrar a quienes administran a Fusagasugá cómo, y que a pesar de las diferencias en términos temporales, demográficos y urbanísticos, en solamente 6 meses contribuyó de manera efectiva en el cambio material de la ciudad. Eso sin contar, que debido a sus múltiples compromisos no asistía al despacho sino los días sábados y domingos, como el mismo lo recuerda en su autobiografía (“Cuento mi vida”).

Entre sus obras se puede contar la mejora de la acequia que traía el agua del río Cuja, construida desde 1918 y constantemente en difícil estado dadas las condiciones del suelo. Igualmente, un sistema de distribución de agua para zonas urbanas y rurales de aproximadamente 1.100 litros de agua por segundo, que terminó por ser abandonado por las administraciones subsiguientes. También, firmó un contrato para la instalación de una planta de teléfonos automáticos de 1.000 líneas con la compañía Siemens de Colombia, aunque malos manejos posteriores terminaron por quebrar esta empresa local de telefonía. Asimismo, se pavimentó calles, se hicieron las mejoras para el lugar donde hoy se ubica el estadio municipal –que justamente lleva el nombre de Fernando  Mazuera Villegas- y donde se radica el actual coliseo de exposiciones, y se pintó gran parte del casco urbano de blanco –buscando el alcalde que se pareciera a Andalucía, España.

En su conjunto estas acciones, y las buenas relaciones de Mazuera Villegas con muchos bogotanos, terminaron por producir un incremento de turistas, más tarde interesados en comprar un predio en el municipio. Una de las cosas que más puede resultar atractiva para la compresión de la manera cómo se ha administrado a Fusagasugá, es que por ese entonces el gobierno municipal contaba con muy pocos recursos, ya que muchos de los impuestos actuales no eran cobrados y la mayoría de los ingresos provenían de tributos menores, como los efectuados a la chicha y la plaza de mercado. Sin embargo, Mazuera Villegas recurrió a la “ayuda de la mayor parte de los vecinos, especialmente los ricos de Bogotá que iban a Fusagasugá en los fines de semana”, como el mismo lo dijo, y que ni siquiera cobraron más tarde al darse cuenta de la realización de las obras.

Así, uno podría preguntarse ¿por qué acciones similares de gobierno no son posibles, pues aun cuando ha crecido la población, también han aumentado los ingresos municipales? ¿Por qué quienes sacan provecho del uso del suelo no hacen pagos de plusvalía? ¿Por qué no se piensan en obras con una idea de ciudad clara y que superen los “remiendos” habituales?

Fuentes:
Archivo General Municipal de Fusagasugá. Sección Histórica. Fondo Alcaldía.
MAZUERA VILLEGAS, Fernando. Cuento mi vida. Bogotá: Antares, 1972. Prólogo de Darío Echandía.
MARTÍNEZ, Félix Raúl. Fusagasugá. Una ciudad soñada. Historia urbana, 1880-1970. Fusagasugá: Alcaldía de Fusagasugá, 2005. Prólogo de Fabio Zambrano.



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